Published On: Mar, Nov 25th, 2025

Editorial : La Sierra de Guadarrama frente al espejo del 25N: el avance feminista choca con el silencio institucional

Cada 25 de noviembre, la Sierra de Guadarrama se enfrenta a un espejo incómodo. Es un reflejo de una doble verdad: aquí se sufre violencia machista y se llora a víctimas, pero también aquí la respuesta ciudadana es una marea creciente. Sin embargo, la otra verdad es que aquí demasiadas instituciones siguen fallando.

Nuestra comarca lleva años mostrando un contraste profundo. Por un lado, la construcción de una red feminista cada vez más sólida. Municipios como El Escorial, Majadahonda, Moralzarzal o Collado Villalba han visto proliferar talleres, formaciones, concentraciones y actividades que ya no se limitan a un solo día del calendario. Colectivos como Maga Violeta han convertido el 25N en jornadas llenas de acción y pedagogía en Moralzarzal.

Por otro lado, la Sierra ha vivido la fragilidad y el retroceso de las políticas públicas. La lista de fallos es larga: gobiernos que relativizan o justifican agresiones; ayuntamientos que miran hacia otro lado ante incidentes graves en fiestas locales; y municipios donde los recursos de igualdad son insuficientes, los equipos están desbordados y las iniciativas se reducen a gestos simbólicos. El resultado es un retroceso visible en compromisos y dotación presupuestaria.

Ese contraste es la fotografía del 25N en nuestra comarca: un territorio donde la ciudadanía y los colectivos feministas avanzan, mientras parte de las instituciones retroceden, vacilan o permanecen en silencio.

En un territorio tan disperso como la Sierra, la coordinación estable entre municipios es, sencillamente, fundamental. Hoy sigue brillando por su ausencia una estructura comarcal que garantice una atención psicológica, jurídica, social y habitacional uniforme y de calidad. La protección de las víctimas no puede depender del código postal.

El 25N nos recuerda que la violencia machista no es un fenómeno aislado, y que en la Sierra, como en toda sociedad, la respuesta depende de decisiones políticas concretas. Esto implica: dotar de recursos reales a las áreas de igualdad, respetar el trabajo profesional, escuchar a las asociaciones de mujeres, actuar con rapidez ante cada agresión y rechazar sin matices los discursos negacionistas que ya se han colado en demasiados plenos.

Pero también nos recuerda algo más: que frente a cada obstáculo institucional hay una marea feminista que no deja de crecer. Las calles de nuestros pueblos se llenan de vecinas que no solo denuncian la violencia, sino que construyen comunidad y tejen redes de apoyo.

Este 25N, la Sierra se levanta de nuevo. Y lo hace con la certeza de que la lucha feminista aquí no es una moda ni un gesto vacío. Es un movimiento arraigado, necesario y pleno de dignidad. La violencia machista sigue siendo una herida abierta. Pero la respuesta social y ciudadana también es real y poderosa.

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