Published On: Jue, Mar 12th, 2026

Igualdad es escuchar: cuando la institución silencia voces

Por Antuan Lazoryk Teroshkin

Las políticas públicas de igualdad nacen con un propósito claro, ampliar derechos, abrir espacios y garantizar que todas las personas tengan voz. Por eso, cuando desde una concejalía de igualdad se producen actuaciones que limitan la participación o silencian opiniones, surge inevitablemente una reflexión incómoda pero necesaria.

Durante estos días en los que se conmemora la semana de la mujer y el 8 de marzo, hemos asistido a situaciones que invitan a pensar en si todos los poderes públicos están cumpliendo plenamente con ese espíritu. La igualdad no puede construirse desde la imposición ni desde el silencio de quienes piensan diferente.

Cuando un concejal de igualdad —que representa a todo el municipio— actúa imponiendo sus propias ideas o limitando la participación de otros, deja de cumplir con la esencia misma del cargo. Si el concejal de igualdad silencia voces, ni es de igualdad ni es de familia.

Los hechos recientes muestran cómo determinadas propuestas han sido rechazadas o cómo en actos institucionales no se ha permitido que todos los grupos municipales expresen públicamente su reconocimiento a las mujeres del municipio. ¿Acaso valorar a las mujeres es algo para lo que haya que pedir permiso al equipo de gobierno o para lo que haya que someterse a su criterio?

También, a pocos kilómetros de nuestro pueblo, se han producido episodios de censura o interrupciones en actividades culturales que generaron estupor en la concurrencia. Situaciones que, más allá de su contexto concreto, deberían invitarnos a una reflexión profunda sobre el papel de quienes ocupan responsabilidades públicas en los consistorios.

Porque la igualdad no es patrimonio de ningún partido ni de ninguna ideología. La igualdad es cosa de todas y de todos. Es un valor inherente al ser humano, anterior a cualquier sigla o estrategia política. Por eso mismo, los poderes públicos no deben apropiarse de ella, sino facilitarla. Su función es abrir caminos, no poner obstáculos.

Ser concejal de igualdad significa algo muy claro: escuchar a todos, representar a todos y trabajar para que nadie quede fuera. Significa reconocer las distintas realidades que existen en la sociedad —incluidas las diversas formas de familia— y garantizar que cada una tenga su espacio y su reconocimiento. Significa también rechazar cualquier forma de violencia, venga de donde venga, sin utilizar conceptos que diluyan o confundan los problemas reales.

La igualdad no se defiende silenciando. Se defiende escuchando.
La igualdad no se construye imponiendo. Se construye dialogando.
Y respetar las ideas y las voces de los demás es, precisamente, respetar la igualdad.

Cuando las instituciones entienden esto, la política se convierte en una herramienta útil para mejorar la convivencia. Cuando lo olvidan, corren el riesgo de vaciar de sentido palabras que deberían unirnos.

Porque, al final, la verdadera igualdad no consiste en que todos piensen lo mismo, sino en que todos tengan el mismo derecho a ser escuchados. Y esa responsabilidad, especialmente en una concejalía de igualdad, no es opcional: es su razón de ser.

Antuan Lazoryk Teroshkin es concejal de Más Madrid en el Ayuntamiento de El Escorial

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