Published On: Vie, Mar 4th, 2016

Megamind y la encrucijada de la izquierda

Sinister_MegamindMegamind es un villano de ficción, es pequeño y débil. Como le pasa a los “malos”, todo le sale mal, ya que el “bueno” se encarga de dejarle por los suelos y acabar con sus malévolos planes. Un día, y sin quererlo, acaba con el héroe y comienza el reinado de terror de Megamind.
En este momento él se da cuenta de que sin un héroe no es nadie y decide crear uno.

La izquierda se presenta como algo homogéneo, como fabricado con un molde que hace sujetos idénticos y que tienen un mismo final. Error, la izquierda es tan plural que no hay colores para identificar a todos y todas, y sobre todo, ni tiene un mismo fin ni tiene un mismo camino.

La derecha tampoco es homogénea pero sí tienen claro qué defiende y qué quiere. El ejemplo más sencillo son la pareja cómica Maruhenda e Inda. Uno es capaz de defender que si navegamos al oeste nos caeremos por una catarata al abismo del inframundo y el otro que las cataratas no existen y su barco llegará a tierra. Ambos difieren en el camino pero tienen un mismo fin, ya que si encuentran tierra esclavizarán a la población y explotarán sus recursos para enriquecerse.

La izquierda discutirá y discutirá, una parte entrará en contradicción y aceptará lo que hace la derecha, otra parte no lo aceptará, pero mientras debate y reflexiona la derecha ha conseguido su fin. No digo que no haya que reflexionar y debatir, todo lo contrario, es necesario, pero lo que está claro es que la acción debe acompañar a la teoría.

La izquierda es plural y yo saco dos principales antagonistas, dos personajes principales de esta historia que se contraponen y pugnan por ser el personaje principal: La izquierda institucional y la izquierda social. El problema de las izquierdas es que no son capaces de darse cuenta de que se necesitan el uno al otro. No hay victoria sin una lucha popular y a su vez sin estar en las instituciones. Al igual que Megamind con el héroe, cuando la social no existe, la institucional necesita crearla y viceversa.

Cuenta la historia que cuando la izquierda institucional llega al poder lo primero que hace es desmovilizar a la izquierda social, coje a sus líderes y los institucionaliza metiendoles en el ciclo burocrático que todo lo mata, les dice que la lucha ya no es necesaria porque ya están ellos y si hay lucha la combaten como la derecha, o peor. Esto conlleva que la izquierda social reniegue de las instituciones y mucho más de su antagónico compañero de lucha, la izquierda institucional.

Un ejemplo es el fin de la transición, la llegada de gobiernos progresistas que desmovilizan la lucha y movimientos sociales, no es hasta el 15M cuando recuperan su esplendor, pero eso sí, con desconfianza y atacando a la izquierda institucional que necesita de una nueva fuerza desmovilizadora para llegar al poder y repetir la historia. No aprendemos.

La derecha tiene la estructura del estado, del poder, de los medios y la coherencia con el pensamiento de las élites. En cambio la izquierda si quiere tener el poder para realizar su programa de transformación social, necesitará mucho más, necesitará un poder real que es difícil de conseguir, el poder popular. Si las clases populares no son la fuerza, la marea o la energía que impulsen las iniciativas del gobierno, este está condenado a fracasar.

¿De verdad las élites van a aceptar un resultado democrático por el cual se transforme el estado y la sociedad mediante los principios de justicia social, reparto de la riqueza o los medios de producción?. ¿Van a aceptar que su margen de beneficios disminuya porque las urnas han dicho que se acabó la explotación laboral y la brecha entre ricos y pobres? Ingenuo e ingenua quien crea que van a acatarlo.

No abogo por revoluciones sangrientas, no me mal interpreten. Abogo por transformaciones que parta del pueblo y para el pueblo, dónde el gobierno sea un mero avatar que defienda los intereses comunes, donde las clases populares mediante la movilización ejerzan ese poder que minimice el contrapoder de las élites.

Entendamos, como acaba haciendo Megamind, que necesitamos de nuestro antagonista en la izquierda. La institución debe entrar en contradicciones y el pueblo debe apoyar o reivindicar sus pasos en las contradicciones.

Si seguimos desmovilizando la calle, los movimientos sociales, solo conseguiremos reproducir la historia y volver a la casilla de salida, donde cada una de las izquierdas mire de reojo a la otra, mientras que la derecha hace y deshace a su gusto señalando a toda la izquierda como el villano de la política.

Tras dos años de ciclo electoral que preceden a otros dos de movilizaciones, llega el momento de que la izquierda pare, respire, piense y trabaje por el bien común, unida y sin perder su esencia.

Si Megamind acaba siendo el héroe de su película, nosotros y nosotras también podemos conseguirlo.

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