Vecinos de Parquelagos alertan del impacto ambiental y de tráfico de un campo de fútbol junto al Parque del Guadarrama
Más de 350 vecinos y vecinas de la urbanización Parquelagos en Galapagar han presentado alegaciones contra el proyecto municipal de construcción de un campo de fútbol y equipamientos deportivos en las inmediaciones del Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama. Los residentes advierten de que la iniciativa podría transformar una zona residencial tranquila en un foco permanente de ruido, tráfico y presión ambiental, con efectos directos sobre la calidad de vida y el entorno natural.
Desde la urbanización, situada en el término municipal de Galapagar, subrayan que no cuestionan la práctica deportiva ni la necesidad de dotaciones públicas, sino la ubicación elegida y la ausencia, a su juicio, de un análisis exhaustivo de alternativas menos lesivas para el entorno. Recuerdan que Parquelagos se diseñó como área residencial de baja densidad y tránsito reducido, colindante con espacios naturales protegidos.
Uno de los aspectos que más preocupa es el impacto acústico. Según estudios europeos sobre instalaciones deportivas al aire libre, un partido de fútbol puede generar picos de entre 70 y 85 decibelios, llegando incluso a los 90 en momentos de mayor actividad. La Organización Mundial de la Salud recomienda no superar los 55 decibelios en exteriores durante el día, mientras que en urbanizaciones tranquilas como Parquelagos los niveles habituales se sitúan entre 35 y 45. Los vecinos alertan de que la implantación del campo supondría duplicar o triplicar el ruido actual, con posibles consecuencias sobre el descanso, la salud y la fauna del entorno.
El tráfico inducido es otro de los puntos señalados en las alegaciones. La literatura en planificación urbana estima que un campo de fútbol municipal puede generar entre 60 y 150 vehículos por franja horaria, con picos especialmente concentrados los fines de semana. En una urbanización sin capacidad para absorber flujos elevados, este aumento podría traducirse en saturación de calles interiores, problemas de aparcamiento, incremento de emisiones y mayor riesgo para peatones y ciclistas. Los residentes temen que Parquelagos deje de ser una zona de bajo tránsito para convertirse en un polo de atracción constante de vehículos externos.
El emplazamiento previsto se encuentra, además, junto a un espacio natural que actúa como corredor ecológico vinculado al Parque Regional del Guadarrama. La construcción de un campo de fútbol con césped artificial implicaría la compactación e impermeabilización del suelo, la alteración del drenaje natural y un aumento de escorrentías en episodios de lluvia intensa. Expertos ambientales citados por los vecinos recuerdan que este tipo de transformaciones generan una degradación acumulativa a medio plazo, aunque sus efectos no sean visibles de inmediato.
A ello se suma la contaminación lumínica asociada a este tipo de instalaciones. Las torres de iluminación pueden alcanzar entre 200 y 500 lux sobre el terreno de juego, niveles que distintos estudios científicos relacionan con alteraciones en los ciclos de la fauna nocturna y con afecciones al descanso humano. El incremento de presencia humana y de actividad continuada también elevaría la presión sobre un entorno natural considerado sensible.
Ante este escenario, los vecinos reclaman que el proyecto se replantee. Solicitan una evaluación ambiental rigurosa e independiente, el estudio de alternativas deportivas en otras ubicaciones y garantías efectivas de control acústico, lumínico y de tráfico. Insisten en que su oposición no es al deporte, sino a una decisión que, en su opinión, condiciona el modelo de desarrollo futuro de la zona y la conservación del entorno del Guadarrama.











